Historia del Templo

El Templo de Tierrasnegras está relacionado con la tradición de la Virgen de Guadalupe que se venera en este lugar.

Antecedentes en San Diego de la Unión.

Allá por los años 20 del siglo XIX vive en San Diego de la Unión un joven campesino Laureano Collante de origen indígena de la etnia de los guamares que se distinguen por su piel morena y ojos claros. Por esa época se da una gran sequía que produce enfermedad y hambre, sin tierra que trabajar ni ganado que cuidar y tras la muerte de toda su familia, decide emigrar, tomando solamente lo más valioso del acervo familiar: una pequeña imagen Guadalupana pintada sobre un tablón de mezquite, la cual lleva en su moral, pidiéndole el milagro de salvarle la vida y llevarlo a tierras fértiles con gente buena.

Temporalmente encuentra trabajo en la hacienda de Don Diego, cerca de Neutla, en donde por su trabajo y honestidad el patrón, don Octaviano Montelongo, lo desposa con Guadalupe una de sus hijas. De esta unión procrean tres hijos: Cipriano, Simón y Carlos.

Por revueltas de los insurgentes de ese tiempo, la hacienda de Don Diego se ve en peligro y Lauriano decide acercarse a Celaya y así llega a la hacienda de San José de Yuste donde lo reciben generosamente y le otorgan parte de los terrenos de mala calidad para el cultivo, que el acepta de buena voluntad.

Una vez ahí Laureano, con su esposa y tres hijos construyen su jacal dejando un espacio especial para el altar de la Virgen, a la que pide favorezca esas tierras haciéndolas productivas, lo cual con el paso del tiempo y el incansable empeño de la familia sembrando hortalizas, se logro, notando la gente de la zona cómo la tierra grisácea se convertía con cada cultivo en tierra negra y productiva, reconocieron a la virgen el milagro, por lo que rápidamente la imagen fue venerada por la gente de la zona, siendo cada vez más visitada por personas necesitadas y agradecidas, pues con tomar el agua del rocío de las mañanas que escurría del jacal y curaba sus males. Por esto y por el milagro de la tierra se le empezó a conocer como “La Virgen de Tierras Negras”.

Sin embargo un día, una vela que iluminaba el altar cae e incendio totalmente el jacal, provocando la angustia y desesperación de la familia, la cual al estar recogiendo los escombros vio que a pesar de haberse consumido todo lo que estaba dentro del jacal el tablón de mezquite de la Virgen mostraba señas claras del fuego, pero la imagen se había salvado y permanecía intacta, corriéndose rápidamente la voz entre la gente de este milagro.

Cada día iba aumentando la gente que visitaba la virgen en su jacal, por lo que el dueño de la hacienda de Yuste temeroso de que, por el fervor de la gente le pudieran construir un templo dentro de su hacienda, le pide a Laureano que abandone sus tierras. Laureano y su familia, obligados a salir de Yuste por su patrón, llegan a Celaya.

Se avecinan en el oriente de la ciudad entre la hacienda de Santa Anita, la de San Juanico y Veleros, colindando con el caserío de la ciudad en lo que hoy se encuentra entre las calles Hermenegildo Galeana al sur y Constitución al norte, Francisco Juárez al poniente y Mariano Abasolo al oriente, tomando esta colindancia como el frente del predio, por el caño con que viene del ojo de agua termal que se encontraba en la hoy esquina de Leandro Valle y Vía de Ferrocarril, en la zona conocida como “cañitos”, Laureano comienza de nuevo adoptando el apellido de Tierras Negras y pidiendo el mismo milagro a la Virgen, el de bendecir las tierras para que den buena producción, se dedica a sembrar hortalizas y flores, las cuales por su calidad comenzó a comercializar en la ciudad de México, trayendo tranquilidad y progreso para su familia.

La gente identificada con la imagen de la Virgen de Guadalupe y su Fe Mariana, la siguió a Celaya, iniciándose así la tradición de venerarla con peregrinaciones de diferentes partes del Bajío, trayendo consigo sus grupos de concheros para que le dancen durante sus fiestas.

Laureano en sus últimos años de vida, junto con sus hijos había construido una ermita de adobe, la cual se encontraba a un lado de su casa que contaba con unos arcos que enmarcaban la entrada por la calle de Abasolo. Estos eran insuficientes para los peregrinos que venían a verla, en lo que ya se conocía como el barrio de Nuestra Señora Guadalupe de TierrasNegras.

Después de la muerte de Laureano y su esposa por los años de 1860, su hijo Simón y su esposa Alejandra se dan a la tarea de construir un templo a la Virgen a base de piedra y tabique horneado que se inauguró un 12 de enero de 1864.

Para la inauguración se esperaban peregrinaciones de diferentes partes del centro de la república y grupos de concheros que veneraban a la Virgen, también visitas de personajes como Eulogio Violante, prefecto de Celaya, Doña Emeteria Valencia de González benefactora de la región y desde luego, para celebración de la misa y bendición del Templo, el Arzobispo de Michoacán Don Clemente de Jesús Munguía y Núñez, así como otras personalidades del momento.

El día del evento se presentaron ante ella una señora anciana de piel clara y pelo cano que vestía una blusa de lino blanco acompañada por una jovencita menuda y morena, que llevaba puesta una falda de cambaya y cubría su cabeza, tenía una actitud tímida pero muy agradable. Alejandra completamente apenada les muestra lo limitada que estaba en cantidad y diversidad de ingredientes, a lo que la joven morena le pidió no preocuparse “preparen un poco de masa de maíz, queso, chile y manteca y preparen gorditas. También con masa, leche y piloncillo preparen atole”, a lo que Alejandra le pidió a las mujeres colectar entre los vecinos los ingredientes para preparar los alimentos bajo la supervisión de la anciana y la joven, las cuáles cuando ven que están terminando la tarea piden se les permita ver la imagen de la Virgen y dándoles su bendición se introducen al Templo. Momentos después llegan señoras que dicen venir de parte del Cura y de Doña Emeteria para ayudarlas a preparar la comida.

Alejandra les contesta que ya terminaron, gracias a la ayuda de la anciana y la joven, a las cuales manda a buscar con su hijo menor para que prueben la comida; el niño no las encuentra y ellas entran a buscarlas, como nadie las vio salir vuelven a buscar entre la gente que está junto al altar donde se dan cuenta del gran parecido que tenía la anciana con Santa Ana madre de la Virgen y la cara de la jovencita con la imagen de la Virgen.

Después de la fiesta y sorprendidos que todos habían comido con lo poco que se había preparado, agradecieron a la Virgen y a Santa Ana por este nuevo milagro, adoptando desde ese momento esta receta culinaria para ellos, creándose asi la tradición que identifica desde entonces al barrio con las gorditas de Tierras Negras.